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25 de agosto de 2026
La reforma atribuye nuevas responsabilidades a fabricantes, importadores, conductores y aseguradoras.

China ha iniciado la revisión de una reforma de su Ley de Seguridad Vial que incorpora, por primera vez, un capítulo dedicado específicamente a los vehículos autónomos. El borrador fue presentado el 25 de agosto ante el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular y se encuentra todavía en su primera fase de tramitación.
La propuesta pretende establecer las condiciones para que estos vehículos puedan circular por vías públicas, así como determinar el tratamiento de las infracciones y las obligaciones relacionadas con los seguros. Uno de sus puntos más relevantes es la distribución de responsabilidades según el modo de conducción utilizado.
Cuando una infracción se produzca mientras la función de conducción autónoma esté activada, la responsabilidad recaería sobre el fabricante o el importador del vehículo. Si el automóvil circula sin esa función o dispone únicamente de sistemas de asistencia, se aplicarían las normas ordinarias y la responsabilidad continuaría correspondiendo al conductor.
Aunque la norma se circunscribe al mercado chino y todavía puede sufrir modificaciones, plantea cuestiones que también tendrán que abordar Europa y España a medida que avance la automatización: quién responde ante un fallo, qué información debe conservar el vehículo y cómo se determina si un sistema estaba correctamente mantenido.
Para la posventa, esta evolución puede aumentar la importancia de la diagnosis electrónica, la calibración de cámaras y radares y la documentación de cada intervención. Un mantenimiento incorrecto de sensores, software o sistemas de asistencia podría adquirir una dimensión no solo técnica, sino también aseguradora y jurídica.
China ya ha aprobado un estándar obligatorio de seguridad para los sistemas de conducción autónoma de niveles 3 y 4, cuya entrada en vigor está prevista para julio de 2027. Este estándar exige controles durante todo el ciclo de vida del vehículo, además de pruebas mediante simulaciones, circuitos cerrados y circulación en carretera.
La combinación de requisitos técnicos y reglas de responsabilidad muestra que la conducción autónoma está dejando de ser únicamente un campo experimental. Para los talleres, esta evolución aconseja seguir reforzando la formación en sistemas ADAS, electrónica, software y trazabilidad de las reparaciones.